Prácticas en España: datos contra el ruido

Prácticas en España: datos contra el ruido

Hace unos días el Ministerio de Juventud e Infancia presentó una iniciativa llamada “Buzón de las Becarias”, un canal para que estudiantes puedan denunciar de forma anónima malas experiencias en sus prácticas actuales o pasadas. La medida llega en pleno debate sobre el Estatuto de las Personas en Formación Práctica No Laboral y contempla sanciones que pueden alcanzar los 225.000 euros para las empresas que incumplan la normativa.

La intención declarada de la iniciativa es proteger a los jóvenes frente a posibles abusos en el ámbito de las prácticas formativas. Y aquí no hay duda, el consenso general es que los estudiantes deben siempre contar con mecanismos para denunciar irregularidades cuando estas se produzcan.

Pero el debate público que se ha generado en torno a las prácticas se está construyendo, en muchos casos, a partir de titulares y percepciones que no siempre reflejan la realidad completa del sistema.

En Talentoteca, la plataforma de prácticas de la Fundación Universidad Empresa, facilitamos que cada año miles de estudiantes realizan prácticas sirviendo de puente entre empresas e instituciones formativas.

Esa experiencia acumulada nos permite observar el fenómeno con algo más objetivo que las intuiciones, los datos, que siempre ayudan a poner las cosas en perspectiva.

Qué dicen los estudiantes que hacen prácticas

Cada año los estudiantes que realizan prácticas a través de Talentoteca completan encuestas de satisfacción sobre su experiencia. En el último análisis disponible tenemos datos de más de 9.400 estudiantes.

El primer dato es el más directo: la satisfacción general con las prácticas alcanza una media de 8,92 sobre 10.

No es una cifra anecdótica. En el contexto de evaluaciones educativas o profesionales, se trata de una valoración notablemente alta.

Cuando se analizan los componentes que construyen esa experiencia, el resultado es aún más revelador.

Por ejemplo, el papel del tutor dentro de la entidad (que es la figura clave en cualquier programa de prácticas) obtiene valoraciones muy elevadas:

  • 4,51/5 en feedback sobre el desempeño
  • 4,65/5 en disponibilidad para resolver dudas
  • 4,56/5 en claridad sobre las expectativas del puesto
  • 4,68/5 en integración del estudiante en el equipo

La media global de estos indicadores sitúa la valoración del tutor en 4,60 sobre 5. Es decir: la gran mayoría de los estudiantes perciben que las prácticas están bien acompañadas, bien explicadas y bien supervisadas.

La práctica como experiencia formativa

Otro bloque de preguntas de nuestra encuesta se centra en aspectos específicos a través de los cuales tratamos de medir la calidad formativa de las prácticas.

Los resultados vuelven a ser consistentes:

  • El 92,8% considera que las funciones realizadas son adecuadas a sus estudios.
  • El 93,0% afirma haber tenido un nivel de motivación adecuado durante las prácticas.
  • El 95,9% indica que el proyecto formativo se ha cumplido.
  • El 95,6% considera que su tutor ha cumplido correctamente su función.

Además, el 95,3% de los estudiantes afirma que recomendaría el programa de prácticas.

Una precisión importante: no son “becarios”

Parte de la confusión en este debate tiene que ver con el propio lenguaje.

En el marco legal español la figura del “becario” no existe como categoría jurídica general. En su lugar, existen distintas modalidades de formación práctica reguladas por normativa educativa.

En el ámbito universitario, por ejemplo, las prácticas académicas externas están reguladas por el Real Decreto 592/2014 que establece elementos como el proyecto formativo, la doble tutorización y los mecanismos de seguimiento.

Es decir, las prácticas no son empleo encubierto por definición, sino actividades formativas reguladas.

Como recuerda la Red de Fundaciones Universidad-Empresa, las prácticas deben entenderse ante todo como formación: un espacio donde los estudiantes aplican conocimientos, donde se desarrollan habilidades profesionales y donde comienzan a integrarse en entornos de trabajo reales.

Cuando ese carácter formativo se pierde y un estudiante sustituye a un trabajador o realiza tareas sin supervisión, entonces sí estamos ante un problema que debe corregirse. Pero ese problema no parece definir en absoluto el conjunto del sistema.

Denunciar abusos sí, pero sobre todo construir soluciones

La posibilidad de denunciar irregularidades es importante. Nadie cuestiona que un estudiante debe tener herramientas para actuar si su experiencia formativa no es adecuada.

Sin embargo, en el sector de las prácticas existe cierta preocupación sobre el enfoque que están tomando algunas medidas recientes.

El riesgo es que el debate se centre únicamente en instrumentos punitivos o sancionadores, cuando la calidad de las prácticas depende sobre todo de otros factores a los que definitivamente se les debería prestar más atención:

  • Proyectos formativos bien diseñados
  • Tutores preparados para acompañar al estudiante
  • Seguimiento por parte de universidades o entidades gestoras
  • Colaboración activa entre centros educativos y organizaciones

En otras palabras: las buenas prácticas se construyen antes de la inspección.

De hecho, gran parte de las experiencias positivas que reflejan los datos provienen precisamente de sistemas donde existe ese acompañamiento continuo.

Lo que sí sabemos sobre las prácticas

Cuando se observan los datos acumulados durante años en programas de prácticas gestionados por universidades y fundaciones, emergen algunas conclusiones bastante claras.

Primero, que las prácticas siguen siendo una de las herramientas más eficaces para facilitar la transición entre estudios y empleo.

Segundo, que la mayoría de las organizaciones que acogen estudiantes lo hacen con un enfoque formativo real, no como sustitución de empleo.

Y tercero, que la calidad del sistema depende mucho más de la colaboración institucional que de la confrontación regulatoria.

España está, además, en un momento especialmente relevante en este ámbito. La expansión de modelos como la Formación Profesional Dual o los programas universitarios con fuerte componente práctico exige precisamente lo contrario a la desconfianza: más participación de empresas, instituciones públicas y organizaciones sociales en la formación de los estudiantes.

Más datos, menos estereotipos

Las malas experiencias existen y deben ponerse en el centro para corregirse. Pero también es importante evitar que el debate público sobre las prácticas se construya exclusivamente a partir de los casos más negativos.

Porque cuando se analizan los datos de miles de estudiantes lo que aparece no es un sistema perfecto, pero sí uno que funciona razonablemente bien y que mejora cuando se refuerzan los mecanismos de seguimiento y calidad.

Sabemos que no todos los estudiantes tienen una experiencia de prácticas como la que nuestros datos arrojan y ello se debe fundamentalmente al trabajo que hay detrás de quienes conformamos Talentoteca para que cada pieza encaje en su lugar.

Aquí tenemos claro que el debate no está en denunciar o no denunciar las malas prácticas (siempre debemos alertar sobre ellas); y que el reto real es construir un sistema donde la buena práctica sea la norma, no la excepción.

Y para eso, como siempre, lo más útil son los datos, no los titulares.

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